Hace exactamente una semana me echaron del trabajo.
Supongo que en los tiempos que corren no es algo extraño, pero a mí me pilló por sorpresa. Alegan crisis, reducción de personal, ajustes de presupuestos… el caso es que de repente te ves en la calle, parada, con gastos y en medio de una crisis mundial, personal, laboral y existencial. Pero de repente piensas en ¡todo el tiempo libre que tienes! y te cambia la cara.
Cuántos meses llevaba pensando en que estaba perdiendo el tiempo en ese trabajo, en la cantidad de cosas que había dejado de lado por tener un horario, en que mi vida estaba pasando por delante de mis ojos y me quedaban tantas cosas por hacer…
Es la visión positiva de una situación realmente jodida.
Intento madrugar para no sentir que estoy tirando mi tiempo a la basura. Y hoy, he salido a dar una vuelta a las 9 de la mañana. Al abrir la puerta, sientes cómo el frío te recuerda que sigues aquí y que tienes muchas cosas que hacer. Compartí mi primer cigarro con todos los que me crucé en la calle, con cara de cansancio y prisa, mientras yo me dediqué a caminar con una tranquilidad molesta.
Luego me senté en una cafetería del barrio y me pedí un café con leche fría y sacarina, robándole a la barra un periódico gratuito que nadie quiere leer porque el titular de portada habla de crisis, otra vez, y esto empieza a aburrir. Decidí leérmelo porque total...
La gente vive su rutina como un verdadero ritual. Y cuando por fin puedes parar y verlo todo desde fuera, te das cuenta de que realmente no merece la pena. Nos hemos convertido en esclavos del trabajo, por una sociedad consumista que exige a lo que forman parte de ella tener una casa, un coche, un ordenador y unas botas a la última. ¿Y realmente eso nos hace felices?
Sí, es cierto, necesitamos dinero. Sin dinero no puedes vivir.
Por eso, decidí hacer algunas de las pocas cosas que todavía son gratis: pasear y hacer fotos.
El otro día un amigo me decía: "qué putada que te hayas quedado en paro justo ahora que empieza el otoño". ¿¿Putada?? es lo mejor que me podría haber pasado. Y habiendo paseado hoy mucho más porque tengo que decir que mientras todas las oficinas estaban llenas de caras largas yo he visto caer la primera hoja del otoño.
Y Madrid en otoño es la ciudad más bonita del mundo.
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